AEV

La noche de walpurgis

¡Hola a todxs!

Por tercera ocasión, les traigo otra entrada de este libro. En esta ocasión me gustaría hablarles sobre otra protagonista que me conmovió mucho. Se trata de Mana específicamente en el capítulo “Las putas también tienen su Walpurgis”. Si han leído el libro me imagino que sabrán por qué Mana. Pero para los que no lo han leído, les presento a Mana.

Mana es una prostituta que tiene bajo su cuidado a su amiga Tania, así de sencillo se las pongo para no spoilerarlos sobre este personaje. Me da mucho sentimiento imaginarme a Mana en la vida real, si ella lo fuera, o tal vez ya la conozco por alguna amistad que alguna vez tuve. Sí, creo que es por eso…

Pues les presento el por qué escogí a Mana.

Mana se parece a lo que alguna vez fué mi mejor amiga, y no lo digo por lo prostituta, si no por cómo se expresaba y cómo la vida la había tratado. Mi mejor amiga como Mana, trabajaron de muchas maneras y de muchos trabajos para poder salir adelante. Y creo que me puedo identificar con Tania por cómo ella me cuidaba.

Recuerdo en una ocasión donde estaba trabajando como mesera en un bar de mi ciudad natal, y que mi mejor amiga andaba en la barra, gritando groserías al televisor, especificamente porque su equipo de fútbol estaba perdiendo. De vez en cuando me daba una que otra mirada y me guiñaba el ojo hasta que alguien de mucho fajo le tiraba la onda, y eso de que ella no estaba nada agraciada, claro que tenía lo suyo, pero a comparación de otras mujeres, ella no estaba nada bonita.

El chavo de mucho fajo, que estaba ciertamente necesitado de atención, le tiraba la onda y le hechaba ojitos, al final se fueron a un motel cerca y ya se imaginaran que pasó entre los dos.

Después de que regresó me dijo que necesitaba una buena fajada y que estaba demasiado tiesa, que ojalá alguien se fijará en mi y que después me llevara durante todo el fin al paraíso, como ella le llamaba. En fin, ya mero me salgo del tema, pero el chiste es.. que ella me enseñó todo lo que necesitaba para la sexualidad, y pues sí, tal vez era una estirada y ella lo sabía, pero al final me sirvieron todos sus consejos. Se los pondré más simple en una parte del libro que me impresionó lo crudo que estaba:

“Mira, mana: tienes que hacerlos sentir muy chingones. Tú diles que son lo máximo. Si sientes que se les está bájando la pasión, clochealos…” (Martínez, p. 95)

Esta frase, me recordó mucho a lo que ella me decía. ¡Qué buenas pláticadas nos dabamos en las noches saliendo de trabajar!

En fin, Mana para mí, fué una de las mejores personajes, y ojalá tuviera su propio libro contando toda su historia, creo que sin duda, me hubiera identificado más y recordado más esa vida parte luchona que tuve que hacer cuando era más jóven.

 

Ivette

 

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